Y me miras con tus ojos de parvada que levantan vuelos en mi pecho.
I.
Fumaba cada tres pasos, abstracto de su realidad, con la cabeza baja. Roto de alma y fiel creyente de su soledad que lo carcome y lo pudre por dentro.
Ese parque, el parque en el que chapotea su memoria, en el que aquella vieja película se repite y se repite, donde aquel beso rebelde se retroalimenta todas las mañanas.
Camina inseguro; de lo único que se sabe seguro es de su muerte.
Toma el cigarro con su pulgar y su dedo índice, agita los mismos para que su ceniza caiga.
Enumera cada uno de sus pasos y guarda rencor a su pasado, al lugar donde murió (lo mataron) abrumadoramente. Pareciera que vagamente logra sonreir, es un esfuerzo para gritar desde el pecho “adios” resumiendo su silencio.
Llora desde las puntas de sus dedos y juega a esconderlas.
Han pasado veinte minutos y cuatro cigarros, el semáforo se acerca y constantemente lo cruza. Sabe que cuando este emite un tictaqueo es hora de cruzar una vez mas. Pero ahora no lo oye, ahora confia en su intuición. Baja la banqueta y se acerca, cada segundo mas cerca de la realidad.
Traga saliba y su corazón se precipita, sus ojos buscan el final fatídico del parque melancólico, de la película de diario y encuentran al camión, sí, al camíón en el que un día se conocieron y juraron nunca dejarse.
II.
Un paso, lo divisa entre los árboles.
Todos menos él saben.
Lo sigue cautelosa, dialoga en su cabeza aquella frase mañanera. Buenos días, te he visto pasar todos los días por aquí. Busca algun error en su frase, alguna ruptura que la pueda llevar a la perdida total.
Ella recuerda, los recuerda al filo de los postes besándose. Llega una sensación de celo y envidia, pero desde hace un mes que ya no ve a aquella mujer, hace un mes que ve a este hombre morir a ciegas y en silencio.
“¿Cúánto lo amaría?” se pregunta y le reprocha a aquella mujer que le roba el aire segundo a segundo.
Lo mira desde el otro lado de la acerca, el se inventa una vaga sonrisa.
-¿Será para mi? -se pregunta.
-No, el no se fijaría en ti -se responde.
-No pierdas el tiempo y salúdalo.
-Te rechazará.
-Este es el momento, no habrá otro igual.
-Decídete.
Dialogaba en su cabeza, lo veia bajar la cabeza y corre a alcanzarlo.
Lo único que los separa es un segundo, en el que ella lo alcanza y él cruza Insurgentes.
Ella se aferra ante sus piernas que acabadas lo persiguen, que se llenan de adrenalina. Encuentra al camión, aquel camión en el que los vió conocerse. Sabe que es en el que los vió conocerse. Sabe que es su camión, es inconfundible, lo toma todas las mañanas a las 6:43 am con el mismo chofer Paco que siempre tiene esa camisa de rayas azules.
Inexorable, inexorable su partida. Ella lo sabe, morirá. El final de su frase mañanera, la ruptura de su amor, han sido dos años de esperar este día para resumirlo en la foto con el camión empujando por el hombro al hombre del parque. Veintisiete metros por la calle, los veintisiete metros mas fatídicos en la escultura de su hombre.
Sepulta sus ojos en aquella imagen murtuoria, entierra asi su vida en esa esquina y sus ojos que obsesivamente se adhieren al final.
a)
El principal problema en que me hayo es, ¿qué es ella?.
A base de platicas demasiado cortas he construido una mujer que probablemente exista en ella. Estoy enamorado totalmente de esa construcción fantasiosa. Esta hecha de aquí, de allá, de su boca, de su cabello y de mi cabeza.
Es inutil intentar averiguar si es verdad en el estado en el que estoy.
Para proseguir con lo que, normalmente un hombre haría, tengo primero que, poner los pies en el suelo y luego dejarla de ver como la mujer más perfecta en el mundo, y así, comenzar a verla como una chica mas.
Ellos no saben que sé lo que muchos no saben o prefieren olvidar.
Se de la obsesión y sus adicciones. Se de ir cabizbajo mientras pasa frente a ti con la cara en alto. Se de despertar para ir a trescientos metros de su cuerpo. Se de tragarse veintidos horas preparando un discurso en un instante. Se de mi lloriqueo seco de hoy y mañana. Se de buscarla en todos los espacios posibles. Se de esperar. Se de querer a ciegas. Se de la locura malnacida y terrenal. Se de arrastrame como sanguijuela por su cuerpo con los ojos. Se de ser derrotado.
Y asi el brutal encuentro,
con la cara manchada
y con los dedos marcados
[Mis múltiples conquistas no son sino la permanencia
absoluta de mi soledad]
marcados…
-La ví a los ojos -dijo a media noche… ¿no dijo nada?
Solo se retiró entre el olor a mezcal.
Pasaron así los días, Sábado, Domingo… llegó aquella voz ahita de disculpas y sus besos.
Y mi llorar interno floreciendo entre el silencio
¿será pues, un gritar sin eco?
2 pasos y un solo resultado, 2 cielos y la misma luna.
Los silencios llenando de su nada las hojas de mas blanco, de mas yo, de su cuerpo inasible que no es sino el seguir mirándola…
-¿el amor se trabaja desde la primera mirada? -se pregunta mientras lee, mientras la sigue viendo entre las letras, mientras la sigue oliendo entre los libros.
Entonces sigue caminando, como si al próximo paso la olvidara, como si su callar indiscreto la fuera a llamar para que ella pida perdón, como si tuviese la culpa. Todo como si algo y nada como es.
-Ella venia, 1, 2, 1, 2, 1… contaba sus pasos al ritmo de las caderas. Su pantalón desgastado en esas piernas (seguramente las quisiera ver desnudas entre las sábanas, respirarle en la sien, en el cuello, en su pecho, en su abdomen, en el tierno seno de su cuerpo. Besarlo, sentir que es suyo, verla a los ojos y decirle que la ama sin siquiera conocerla).
Crónica de Explanada.
Jardinera número 3, Explanada del CCH Sur. (11:01, visión 360)
Volteo, los “Hollisters” con su presencia ensimismada, con la mentirosa camisa de rayas, caminando al azar por las veredas de los días como si no las conocieran.
Se saben “americanos malinterpretados” con su cabellera rubia y su piel color canela.
Volteo, el mural y sus “forevers” de diario, con su yoyo chino, pasan todas las horas y las que no allí, hablando no se qué acerca de Kurt o Bach, quizá es su costumbre estar ahí e imitar a las generaciones. Creo que antes cambiaban música, libros y obra. Ahora solo vegetan con estos en mano.
Volteo, en las espaldas del mural, los de mi año con el “toque” o el “archo” o alguna otra cosa en mano, comparten sus vivencias, sus suspiros y su memoria de la aventura. Poco salen de esa pobre esquina, ya sea para quitarse la “grifa”, comer o simplemente intercambiar palabras con los externos.
Volteo, Pollo y su gigante grupo de 18 tipos, hablando, cacareando la tarea y copiándose los actos de su pobre obra somnolienta.
Dicen tener sueño todo el día, parece ser que nunca tienen clase.
Unos con el yoyo, unos acostados y otros cuantos escuchando algo.
Hablando de la próxima fiesta, a la que solo irán Pollo y algún otro agregado.
Volteo y las niñas, como siempre, vegetando en su aposento ccachero, hablando del intrincado problema homosexual de su curioso amigo.
Arreglando el viernes desde el viernes, escuchando el clásico “¿Cómo te llamas?” de los desconocidos fronterizos y platican de sus “superpedas” de media hora, increíble, pero eso duran. No son sino el quedar bien/mal consigo mismos, el aburrimiento de su vida en la botella de tequila que destila besos, sexo, crítica malhecha y malos entendidos.
Cuando te metes ahí, una sonrisa basta para la enajenación.
Y esto es la nimiedad del humano en su expresión adolescente, el derramar el ocio del vaso con el arma niña del tiempo.
Vuelvo a voltear, transeúnte con destino a la clase de mate, se sabe con la compañía de sus cuadernos, de su mochila y de su cara indiferente ante la vida.
Carga las últimas 2 horas de clase, para volver al clásico tarea-come-duerme, tarea-come-duerme, para volver a despertar, regresar al hoy de todas las semanas, de todas las mañanas.
Pase tras pase tras pase, de las seis hasta las doce. Predicando el juego ajeno con su juego de pelota. Desgastando el día y los tiempos, año tras año tras año.
Salomón y su cuarteto de aros y voces al grito furioso de la niñez.
Su aro en cadera, su aro en mano, su pianito de voz todo el día, con sus amigos los músicos jugando a la cumbia y los clásicos del Jazz.
Veinte años y cinco de existencia, un lunar sobre su labio superior, las veinte materias en la espalda. Verdadero habitante de esta tierra, donde las horas no pasan y los días pierden su importancia.
-Tierra perdida. Circo de las tintas.
Rikardo Dempsie.
“Que triste es la vida cuando comienzas a ser el protagonista del cuento que nunca te ha gustado”
Te vuelves hacía mí
te vuelves invisible
eres agua entre mis manos
que temblorosas te dejan ir
eres vidrio y te consumes
pedazo
de
vidrio
que cansado
te reune.